sábado, 20 de julio de 2013

Los diez errores más comunes de los padres al hacer los deberes con los hijos


 Aprenda cómo ayudar a los niños a realizar las tareas escolares en casa

Los padres deben vigilar y hacer un seguimiento de los deberes, pero nunca hacer ellos mismos la tarea

Más allá del debate sobre si los alumnos tienen que hacer o no deberes en casa, lo cierto es que realizar las tareas escolares fuera del horario lectivo es un pilar del sistema educativo en España. Muchos defienden que los deberes refuerzan los aprendizajes de clase, que ayudan a crear hábitos de trabajo, superación y disciplina y que refuerzan la concentración y la memoria. Es una labor y una responsabilidad de los hijos, pero los padres también cumplen un papel: el de vigilar, apoyar y seguir que los chicos cumplan las tareas y resolver sus dudas, pero nunca, nunca hacerles los deberes.

Los deberes son una responsabilidad asumida por muchas familias. El 80% de los alumnos en Primaria recibe ayuda de sus padres para hacer las tareas escolares y el 45% de los estudiantes en Secundaria, según una encuesta elaborada por TNS Demoscopia. Pero, sin duda, ayudar a los hijos a realizar los deberes puede ser motivo de tensión y conflicto en casa, incluso puede suponer una gran carga, sobre todo, para muchos padres que trabajan y les falta tiempo de dedicación a los hijos.

Para llevar bien esta gran responsabilidad, es conveniente conocer cuáles son los errores más comunes que cometen los padres a la hora de realizar los deberes con sus hijos y cómo solventarlos. Carmen Guaita, profesora y vicepresidenta del sindicato de profesores ANPE, explica los fallos más habituales y ofrece las claves para realizar con éxito estas tareas:

1. Hacer los deberes en cualquier sitio, en la cocina mientras se prepara la cena; en el cuarto de estar mientras otros ven la tele…

En su lugar: Procurar que el «momento deberes» sea importante para la familia: en un lugar fijo, es mejor si es su propio rincón de estudio. Si no se dispone de él, en un ambiente de silencio y trabajo general en la casa, sin distracciones, sin tele... «Debemos demostrar que nos los tomamos en serio —dice Guaita—. Si mientras los chicos trabajan, papá o mamá leen o también trabajan estaremos mandando un buen mensaje».

2. Protestar como adultos sobre la cantidad o calidad de los deberes.

En su lugar: Aceptarla realidad. «Los deberes son los que son y los que tocan. Si vemos que sobrepasan a nuestro hijo, debemos acudir al centro educativo para notificarlo, pero en casa se debe respetar todo lo posible la decisión del profesor. Estamos preparándoles para la vida, y en la vida habrá mucho trabajo y esfuerzo», afirma la profesora.

3. Hacerlos nosotros.

En su lugar: Realizar las tareas escolares de los hijos ni aumenta su capacidad de trabajo ni su disciplina, ni les hace aprender nada nuevo. «El sentido común, la gran herramienta que todos los padres tenemos aunque a veces no le hagamos caso, ya nos lo está diciendo».

4. Entender los deberes solo como nuevos aprendizajes de conocimientos.

En su lugar: Los deberes escolares son refuerzos para el aprendizaje y, sobre todo, una ocasión para aprender a trabajar de manera autónoma. Los padres pueden explicarles las dudas, pero mucho más razonable es ayudarles a encontrar la respuesta que buscan: en sus propios libros de texto, en internet…

5. Convertir los deberes en el «momento regañina» de cada día.

En su lugar: Convertir el tiempo de hacer deberes en un tiempo de paz y tranquilidad. Si el alumno tiene dificultades, puede y debe consultarlas con sus profesores al día siguiente. Es muy perjudicial crear en casa ansiedad ante lo relacionado con la escuela.

6. No tomar en serio su necesidad de presencia y apoyo.

En su lugar: Soltar el smartphone y estar disponibles para ellos, mirándoles y escuchándoles cuando así lo requieran.

7. Imponer un control absoluto.

En su lugar: «Si quieren que les tomemos la lección, debemos hacerlo. Si les ponemos nerviosos o ellos nos ponen a nosotros, es mejor confiar en su responsabilidad. Y decirles en voz alta que confiamos en ella», dice Guaita.

8. Evitar el diálogo con los profesores.

En su lugar: Potenciar el diálogo y la colaboración con los profesores y consultarles si hace falta alguna ayuda suplementaria.

9. Permitir que afronten las tareas escolares agotados ya de tareas extraescolares.

En su lugar: Las actividades extraescolares son necesarias pero no pueden ser obsesivas. Los alumnos pueden tener demasiadas modalidades: deporte, idiomas, música, ajedrez… todo a la vez. Es mejor adecuarlas a la personalidad e intereses del hijo y permitir tardes en las que solo haya que jugar en casa y estudiar.

10. Ser anárquicos.

En su lugar: Los deberes son, sobre todo, un aprendizaje del trabajo autónomo y la autodisciplina.



 «Les ayudamos si les animamos a establecer un tiempo mínimo y máximo, siempre a la misma hora, en el mismo sitio, siempre con el móvil apagado.

Todo tiene su momento es un gran aprendizaje para un niño pero son sus padres quienes deben mostrárselo. También con el ejemplo».

Cómo organizar el tiempo de los deberes

A cada edad su tiempo.
Con 15 minutos es suficiente para que los más pequeños lean o ejerciten cálculos matemáticos.
De 6 a 8 años: entre 30 y 40 minutos.
De 8 a 10 años: una hora.
A partir de esa edad: entre 60 y 90 minutos.
En Bachillerato: entre dos y tres horas.
Establecer una hora de comienzo y otra de finalización.
Hacer una pausa de entre dos y diez minutos cada hora de estudio.
No empezar por la asignatura más difícil. Pasados 30 minutos es cuando los niños alcanzan su máximo rendimiento. A la hora y media, el rendimiento disminuye. Deben afrontar las asignaturas más fáciles.

A partir de los 6 años ya son autónomos para empezar a hacer los deberes solos.

miércoles, 17 de julio de 2013

“Me he perdido”


Written By: Pili Biarge      

Educar en la prevención de problemas
    Prevención de los problemas:
     Es muy importante tener pequeñas conversaciones con los niños  sobre su seguridad. Estas pequeñas charlas deberían constituir rutinas en la vida familiar. Los niños se sienten seguros y suelen prestar atención cuándo sus padres les explican qué hacer en caso de un problema. Estar prevenidos en caso de pérdida, accidente, incendio,…les puede evitar traumas.
     Los conocimientos necesarios para los niños pequeños en caso de problemas son entre otros:
  • Conocer y decir bien su nombre y dos apellidos.
  • Conocer y decir bien los nombres de su mamá y de su papá.
  • Conocer su dirección.
  • Conocer su número de teléfono.
  • Conocer el nombre completo de su colegio 
  • Saber a quien ha de avisar en caso de emergencia (abuelos, una tía,…)
  • Saber un número de teléfono donde avisar en caso que el de casa no funcione o no lo contesten.
     Las prevenciones que no deberían faltar en la educación de los niños son:
  • Si un día te pierdes, qué has de hacer.
  • Si un día te pierdes, qué no has de hacer.
  • Si un día vas por la calle y te encuentras mal….
  • Si un día vas por la calle y te piden que subas a un coche…
  • Si un día pasará “algo” en casa, ¿que puedes hacer?
     Deberíais hablar con vuestros hijos pequeños qué deben hacer en caso de perderse, por ejemplo buscar un policía. Si son un poco más mayores deberían saberse de memoria el número del móvil del papá o el teléfono de los abuelos. Hablar con ellos de los problemas que pueden tener un día les hace sentir más seguros y les educa mejor.
 

El hábito lector: el ejemplo de la familia


Written By: Pili Biarge       -      

     El ejemplo de hábito lector de la familia.
    Los beneficios de la lectura son conocidos por todo el mundo y las familias se esfuerzan para que los niños se aficionen a la lectura. Mi experiencia en las entrevistas con los padres me indica que conseguir que nuestros hijos lean con gusto es más difícil de lo que parece y he pensado en aportar algunos ejemplos concretos. La lectura es cada día más importante y los jóvenes del siglo XXI necesitarán mucha más lectura y escritura  que en cualquier época pasada.
     Esta foto de Ismael Pulgar y de su hija transmite el mensaje principal de este artículo: El gusto por la lectura está ligado a la afectividad.
habito lector
El hábito lector. Foto de Ismael Pulgar y su hija
    Todo el mundo está de acuerdo en la importancia de la lectura y en que los niños que viven en una familia lectora tienen más probabilidades de ser futuros lectores.
    ¿Qué sienten los niños cuando la familia lee?
   Un bebé no entiende del todo el cuento de su abuelita, pero entiende muy bien que su abuelita le quiere mucho y para darle mimos le cuenta una historia que es muy bonita.
    La mamá coge en brazos al pequeño y le lee un cuento. El niño no sabe leer pero mira las imágenes encantado de estar en brazos de su mamá. Ese libro debe ser una cosa muy buena porque mi mamá me quiere mucho cuando lo lee para mí.
habito de lectura
El hábito de lectura
    Mirando a Ismael y a su hija, a los que no conozco personalmente, veo un papá que dedica tiempo a su hija. Están sentados junto a un libro que se supone que leen juntos. La imagen transmite cariño, afinidad y unión familiar.
   Un familia que no lee habitualmente puede trasmitir el gusto por la lectura a sus hijos dedicándoles un poco de tiempo. Podemos dedicar las tardes de los domingos a estar toda la familia en el sofá con revistas, periódicos y libros para los mayores y revistas juveniles, libros variados y tebeos para los más jóvenes. Un ambiente agradable, sin estrés, sin distracciones, comentando de vez en cuando lo que nos ha gustado del libro, alguna noticias que leemos o párrafos. Nuestros hijos se lo merecen.
lectura y familia
Lectura y familia
     Un ambiente familiar de gusto por la lectura se percibe al entrar en una casa. Los espacios están preparados tanto para leer como para la biblioteca. La familia suele comentar sobre un blog, un artículo de periódico o sobre libros electrónicos. Es posible encontrar alguna libreta o libro escolar abierto y la madre o el padre no pueden resistirse a hojear la lección. En las casas donde los mensajes escritos entre unos y otros suelen ser más frecuentes.
   Una madre que quiera inculcar a sus hijos el hábito lector y sea consciente de que en casa no leen mucho puede llevar a los niños regularmente a la biblioteca pública. Los niños también pueden ser socios de una editorial especializada o de una organización que envíe publicaciones. Les encanta recibir cartas a su nombre y el éxito de las publicaciones que reciben por correo está casi garantizado. Visitar con ellos alguna librería y quioscos para tener disponibilidad de libros en casa. Como dice mi amigo Ismael, hacer que los niños lean no es barato… pero es muy gratificante.
     Hay que hablar con los niños de libros. En el recuerdo de mi niñez tengo presente que me gustaba contar a mi tía mis aventuras en la maravillosa biblioteca infantil La casita de Blancanieves.
Pili Biarge

Juegos de mesa o videojuegos


Written By: Pili Biarge - jun• 07•13

 El juego es una necesidad y un derecho de los niños.
Los niños aprenden de los juegos sean digitales o de mesa. Si alguien me preguntara ¿juegos de mesa o juegos competitivos? Yo respondería “todos” y mi respuesta es la misma entre decidir entre el videojuego o los juegos de mesa.
aprende mientras juega
aprende mientras juega. ONCE
El juego es una actividad libre que proporciona placer. Está presente en todas las culturas, en todas las épocas y en otras especies. Es una necesidad emocional de los seres humanos. Para los niños jugar es una necesidad y el derecho a disfrutar del juego forma parte de la Declaración de los derechos del niño.
Magdalena Galiana, cuando publiqué el significado del juego comentó: “El juego es la forma de disfrutar que tienen los niños, de relacionarse con otros niños, de aprender….. No se lo prohibas es un derecho”.
Los beneficios del juego se obtienen en la libertad que tiene el niño para disfrutar de un rato de ocio y asimilar o entender el mundo a medida de sus capacidades. Aprende mientras juega. Un tipo de juego fomentará más la competición, otro la memoria, el ejercicio físico, la estrategia. Cada niño tiene preferencia por un tipo de juego u otro pero el éxito se basa en el equilibrio.
derecho al juego
derecho al juego
Muy a menudo sabemos de niños y jóvenes que pasan demasiadas horas jugando en el ordenador. Preocupados por el tema y puede que temerosos por lo desconocido, creemos que es la máquina la culpable de la adicción. Yo no lo creo. ¿Qué pensaríamos de un chico de 9 o 10 años que cada tarde al salir del colegio jugara al fútbol en el parque debajo de su casa unas cinco horas? ¿Tendría tiempo de leer, hablar con su familia, asearse, hacer los deberes? ¿Llamaría la atención una niña que se pasara todas las tardes haciendo solitarios? ¿Seríamos padres responsables si la única actividad de nuestro hijo, siete días a la semana, 5 horas cada día las dedicara a la misma actividad con la excusa de que le gusta mucho?
derecho a jugar
derecho a jugar
Los niños tienen derecho al juego y corresponde a los adultos mediar para que exista un equilibrio entre sus actividades.